“¡Ánimo carnal!”
Paso todos los días por un crucero de calles aquí cerca de mi trabajo donde hay un señor en silla de ruedas. Su aspecto quizá no sea muy agradable, se ve que la vida lo ha golpeado muy duro, mayormente tiene ropas sucias, sus dientes son muy pocos, su aspecto en general pareciera no muy agradable que digamos, y si aparte de eso agregamos que pide dinero pues quizá a algunas personas pudiera parecerles hasta molesto. Pero cada vez que paso por ahí y me ve siempre me dice: “¡ánimo carnal, aquí andamos echándole ganas!”. Y no sólo me lo dice a mí, se lo dice a toda la gente que pasa por ahí aunque no lo volteen a ver y no le quieran dar una moneda. Ese señor está ahí aunque haya mucho sol y se esté quemando, hace unos días estaba lloviendo y ahí sigue diciéndole lo mismo a la gente que pasa.
Al verlo es donde yo me digo a mí mismo y le digo a Dios: “¡Gracias por todo lo que me das!”. Si ese señor en la situación como está, siempre anda animando a la gente y sonriendo aunque le volteen la cara y su sonrisa quizá no sea la más bonita, con más razón debería yo agradecer a Dios por todo lo que tengo.
A veces uno quisiera tener más, pero sólo Dios sabe realmente lo que necesitamos y Él nos lo provee, aunque quizá lo único que necesitemos sea que de vez en cuando un extraño nos sonría y nos diga “¡ánimo carnal!” para que nos demos cuenta de lo que tenemos y le agradezcamos a Dios por sus bendiciones.
¡Excelente día!





